Frenillo: cortar o no cortar (con fotos)

Los que seguís el blog ya habréis leído que E. tiene un frenillo corto, de tipo 3, además de un frenillo sublabial. Aunque no nos está dando problemas con la lactancia, o mejor dicho, la osteopatía ha aliviado lo suficiente el problema para que E. pueda tomar suficiente leche y que a mí no me duela, nos estamos planteando el cortarle. Os explico un poco las preguntas que nos han ido surgiendo:

¿Qué es el frenillo? El frenillo es la membrana que une la lengua a la parte inferior de la boca. Cuando esta membrana es corta y/o poco flexible puede dificultar o impedir el movimiento de la lengua, se llama entonces anquiloglosia. En el caso de E. se ve claramente que no puede levantar la lengua hasta más de la mitad de la boca y casi no puede sacarla por fuera del labio inferior

¿Cúantos tipos de frenillo sublingual hay? Están tipificados 4 tipos de frenillo sublingual: el 1 y el 2 consisten en una brida, como un tendón, que une la lengua al suelo de la boca. En el tipo 1 esta llega hasta la punta de la lengua, mientras que en el tipo dos se inserta más hacia abajo en la lengua. El frenillo tipo 3 (el de E.) combina la brida con una membrana mucosa, mientras que el 4, el más difícil de diagnosticar, el frenillo está completamente cubierto por un componente mucoso que lo oculta.

¿Qué problemas puede ocasionar?

Relacionados con la lactancia: Al “atar” la lengua el bebé no puede mamar bien y ocasiona problemas de succión, poco aumento de peso, grietas en la madre que pueden llevar a infecciones,  sobre-producción de leche de la madre que puede resultar en obstrucciones o mastitis, tomas muy largas y frecuentes…

En nuestro caso no se da nada de esto, pero lo que nos lleva a plantearnos la operación son otros inconvenientes más a largo plazo: problemas de dicción (dificultad para pronunciar ciertos sonidos), otitis de repetición y, sobre todo, malformación del paladar, que se desarrolla en forma ojival o en V, con los consiguientes problemas en los dientes, que salen montados y hay que recurrir a tratamientos ortodóncicos. Además las personas con frenillo corto tienen más tendencia a roncar y otras dificultades menores como imposibilidad de lamer (comer helados por ejemplo) o besar con lengua

¿Y siempre se dan estos problemas en niños con frenillo corto?

No, pero el problema es que no se sabe cúales de estas cosas sufrirá o no una persona con anquiloglosia. Hoy en día es muy difícil que un profesional pueda valorar la boca de un bebé para saber cómo se desarrollará su boca y paladar, pero se sabe que las personas con anquiloglosia tienen muchas más probabilidades de padecer los problemas que he detallado

¿Se puede solucionar?

Sí, pero la solución es diferente para los varios tipos de frenillo. En los tipos 1 y 2 se puede realizar una frenectomía, un corte muy sencillo que se puede hacer sin anestesia, ya que la parte a cortar no contiene ninguna terminación nerviosa. A veces se da un sangrado pequeñísimo y sin importancia.

Los frenillos 3 y 4 requieren una operación llamada frenuloplastia, que requiere anestesia o sedación y, si se hace con el método convencional, puntos de sutura. Recientemente he sabido de un doctor, José Briz Manzanares, que opera frenillos con bisturí eléctrico, con lo que no se requieren puntos y en lugar de la anestesia general basta con una sedación con mascarilla.

¿A qué edad es mejor operar? Si dificulta o impide el amamantamiento, cuanto antes, para evitar los problemas a la madre y al bebé. En el caso de que no cause dificultades en la lactancia hay profesionales que recomiendan no tocar el frenillo, mientras que otros recomiendan operar siempre en caso de duda para evitar problemas futuros. Siendo así, cuanto antes se realice la cirugía, más probabilidades hay de que la boca se forme mejor y se corrija la forma del paladar.

El caso de E.

Nosotros en principio estábamos en contra de la operación, ya que E. nos parecía (y nos parece) demasiado pequeña para una operación con anestesia general y puntos, pero desde que conocemos el nuevo método nos lo planteamos de otra manera.

El desconocimiento sobre este asunto por los profesionales sanitarios es generalizado, ya que los pediatras sólo le dan importancia al frenillo cuando ven problemas de pronunciación, pero hay más factores a tener en cuenta. Nuestra lactancia funciona relativamente bien, pero no es perfecta: E. aumenta bien de peso y a mí no me duele, pero hace un chasquido al mamar que indica que traga aire y la posición de la boca es “a su manera”. Como he dicho, se le ve el movimiento de la lengua bastante limitado, tando vertical como lateralmente, y el paladar muy alto.

E. además del frenillo tipo 3, también parece que tendrá corto el frenillo labial, que se encuentra bajo el labio superior. Este frenillo, cuando se inserta entre los dientes hace que estos salgan separados, moviendo el resto de los dientes. Aunque C. también tiene este frenillo corto, está dentro del límite de la normalidad y no es necesario operar, pero en el caso de E., si le hacemos cortar el sublingual seguramente también le haríamos el frenillo superior en la misma operación.

La operación con bisturí eléctrico es muy sencilla y casi exenta de riesgos: la sedación se realiza mediante un gas llamado Sevofluorano, que es muy seguro . Se corta el frenillo y en 10-15 minutos el bebé está de nuevo en brazos de la madre. Normalmente se enganchan en seguida al pecho, y se nota mejoría instantáneamente. El post-operatorio también es sencillo e indoloro al no necesitar puntos de sutura.

Os dejo las fotos del frenillo de E:

Aquí se aprecia como la brida llega hasta la punta de la lengua:

Y estos son los frenillos sublabiales de C (izquierda) y E. En el caso de C. no es necesaria la intervención ya que los incisivos tienen una separación de 1 milímetro, si fuera de más sería conveniente operar. En cualquier caso, ninguna de las dos evierte el labio superior al mamar.

Seguiremos informando ;)

Más información:

*En esta entrada explico las dificultades iniciales en la lactancia de E.

*Si os interesa el tema de la anquiloglosia os recomiendo que leais el artículo de la web de la Asociación Alba Lactancia Materna

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Martes (casi) sin palabras: octubre en la playa

Es increíble las temperaturas que estamos teniendo este principio de otoño, se está mejor que en verano. Estamos apurando al máximo los últimos días de playa, qué gozo:

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Lecturas dominicales (XIV)

Después de un paréntesis por el nacimiento de E. retomo la sección de lecturas dominicales con las entradas de otros blogs que más me han gustado esta semana:

*Para celebrar la Semana Internacional de la Lactancia Materna, Lara, autora del blog bebés y especias nos cuenta en un bonito post sus mejores momentos con la teta.

*Y siguiendo con el tema de la lactancia, Jemina nos cuenta en su post cómo compaginar la lactancia y los portabebés, en el blog de Red Canguro.

*Aunque tengo que decir que con E. no me quejo, sí que me pasé los dos primeros años de vida de C. sin dormir más de una hora seguida, así que me he visto retratada en la divertida entrada “la década insomne” del blog de madre.

*Sobre “el rapto del deseo y la motivación” trata la entrada de esta semana de Violeta Alcocer en su interesante blog Atraviesa el Espejo

*Me ha encantado la entrada llamada “¿te enseño a jugar?” en el blog el sonido de la hierba al crecer, en la que se cuenta una bonita anécdota de un niño con autismo llamado Teo y un hada llamada Sara que encontró en su camino.

Disfrutad del domingo :)

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Documento gráfico: primera vez que E. se da la vuelta

Hoy me toca ejercer de madre babosa, ya que E. se ha girado por primera vez y el momento ha quedado registrado para la posteridad. Aquí la tenéis con cara de ¿qué ha pasado aquí?

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Osteopatía y bebés

Ya expliqué en esta entrada que la osteopatía hizo que E. se reenganchara al pecho. Como mucha gente me pregunta cómo es posible le pedí al osteópata que la atendió que escribiera un post contando un poco en qué consiste esta técnica y como se emplea en bebés. Muchas gracias Sergi por ayudarnos tanto y por escribir este texto.

OSTEOPATÍA Y BEBÉS

Me llamo Sergi Musons Pifarré, soy un fisioterapeuta especializado en Osteopatía y actualmente dedico gran parte de mi trabajo a la práctica de la Osteopatía pediátrica e infantil.

*¿Qué técnicas utilizo en los bebés y niños?
Principalmente Osteopatia tisular y Terapia Craneosacral Pediátrica, por tratarse de técnicas muy suaves y no invasivas.

* ¿Qué hace la Osteopatia para mejorar la salud de los niños y bebés?
Actuamos en dos casos:

Prevención:

Muy sencillo, buscamos los bloqueos del cuerpo y con técnicas muy suaves y precisas, ayudamos a estos a liberarse para que el sistema nervioso, sanguíneo y hormonal fluya con toda libertad y así al no estancarse no se instaura la enfermedad con tanta facilidad, siguiendo el lema del fundador de la Osteopatía “El movimiento es VIDA”.

Mejorar y llevar el cuerpo a la autocuración:

-Si ya hay un signo o un síntoma en el niño o el bebé, como por ejemplo una dificultad para amamantar por un frenillo sublingual corto (anquiloglosia) y que a la vez provoca dolor en el pecho de la madre, por una mala succión..
Otros signos o síntomas:
-un ojo más cerrado que el otro
-una oreja más despegada
-asimetrías craneales y/o faciales (cara)
-cólicos, estreñimiento,regurgita mucho despúes de la toma de la leche,…
-recurrentes otitis, anginas, resfriados, bronquitis,…
-está demasiado excitado

¿Por qué funciona la Osteopatia?

No hacemos mágia, él único secreto es una combinación de una trabajada sensibilidad de las manos y a la vez un exhausto conocimiento de la anatomía y fisiología humana.
Y ver el cuerpo como un bosque y no como un árbol, en el que todo se interrelaciona y está lleno de recursos internos que sabiendo como utilizarlos, éste consigue alcanzar la salud.

Sergi Musons Pifarré Consulta en Bcn-St. Cugat-La Garriga- Girona
osteopatiatisular@gmail.com

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Martes (casi) sin palabras: la magia de los portabebés

Venga, otra sección para el blog, los martes que me acuerde os dejaré una imagen. Para inaugurar aquí va una de portabebés, E en una bandolera de anillas, con algo más de dos meses:

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Parto de sueño, puerperio de pesadilla

Después de un parto en casa fantástico, el puerperio bastante duro, y el principio de la lactancia también, tanto que pensaba seriamente que no lo iba a conseguir esta vez.  Mi primera lactancia tuvo unos comienzos desastrosos, esta la he encarrilado en menos tiempo, pero ha sido más frustrante.

A decir verdad, desde la primera toma había notado que algo no marchaba como debía. Dejé que E. se enganchara ella sola, probando el afianzamiento espontáneo, que consiste simplemente en ponerse en posición semireclinada, con el bebé encima del pecho piel con piel y dejar que busque solo el pecho, sin intervenir salvo para evitar que el bebé se caiga hacia los lados.  Haciendo esto la inmensa mayoría de los bebés se engancha solo y la lactancia comienza sin complicaciones. Sin embargo, E. no evertía los labios y no abría la boca. A pesar de todo realizó la primera toma sin más problema que hacerse una ampollita en los labios. Me dí cuenta de que tenía frenillo en el labio superior, pero no le dí mucha importancia, pues mi hija mayor también lo tiene y no supuso ningún problema y además es algo que se soluciona con el tiempo.

En las siguientes tomas ya noté que algo más no iba bien, pues me hacía daño y el pezón salía deformado. Me dí cuenta que E. no tenía el reflejo de búsqueda, que es cuando los bebés, al rozarle el labio superior o las mejillas con el dedo o el pezón, dirige la boca a la zona que le han tocado con la boca muy abierta. E no giraba la cabeza ni abría la boca, con lo que era muy difícil que cogiera el pecho, enganchaba sólo el pezón y me hacía mucho daño.  Probé con pezoneras, pero tampoco funcionó, ya que era muy difícil introducir el pezón con la pezonera en la boca casi cerrada de E y además me seguía haciendo daño. Al cabo de un día empecé a diferir la lactancia, extraerme leche y darle con jeringa, pues me dolía cada vez más y ya empezaba a tener grietas. Tardé un día y medio en darme cuenta de que E. tenía un frenillo tipo 3, que le ancla la lengua al suelo del paladar y le impide mamar con normalidad. Algo que como asesora lo hubiera visto al momento (creo), como madre me llevó todo un día!

Para rematar el segundo día empecé con fiebre, y al poco ingresé en el hospital con endometritis. Me pasé todo el tercer día en urgencias, sin posibilidad de amamantar a E. o sacarme leche, hasta que por fin me pasaron a planta por la noche. Me pusieron 3 tipos de antibióticos intravenosos, varias veces al día, yo que no me tomo nunca ni una aspirina! A partir de ahí empecé a alternar tomas de jeringa con tomas de pecho, pero cada vez menos las de pecho, pues me dolía mucho y me encontraba fatal por la infección. Se juntaron los problemas de frenillo y de que E no abriera la boca con que yo estaba con fiebres muy altas, una anemia tremenda y hecha polvo en general. Mi estado anímico no era tampoco bueno, con lo bien que estaba yo en mi casa, en mi cama y comiendo mi comida, a pasar al hospital, separada de mi hija mayor y con la lactancia complicada… Lo único bueno es que estábamos solos en la habitación y en los 5 días que estuve allí no me pusieron a nadie de compañera. Preparándome para la salida pedí hora para E en el osteópata y en un cirujano pediátrico para ver si se podía realizar un corte paliativo del frenillo.

Al cabo de poco tiempo E comenzó a rechazar el pecho. Cuando le enseñaba la teta giraba la cabeza, lloraba y daba manotazos, era bastante desesperante. Comencé a sacarme leche intensivamente para provocar la subida y no perder producción, pero el sacaleches y yo no somos muy amigos, a pesar de tener uno de buena calidad. Los momentos que sacaba más leche era cuando C. venía a visitarme y mamaba de un pecho mientras yo me sacaba del otro.  Me sacaba cada 2-3 horas de día y cada 4 por la noche, y luego se la dábamos a E. con el método de la jeringa-dedo, que es el que menos interfiere con la lactancia. Es agotador, ya que entre extraer la leche y dársela al bebé no queda tiempo para nada más. También es muy frustrante, pues no siempre sale leche con el extractor y es difícil ver al bebé que tiene hambre y tener el pecho lleno y no poder darle. Me animaba saber que al menos E había recibido todo el calostro y estaba tomando lactancia materna exclusiva.

Al cabo de 5 días me dieron el alta y una vez en casa seguí con la misma rutina con el sacaleches, pero me iba desesperando cada vez más. Alquilé un extractor hospitalario, pero no conseguí mejores resultados. Sólo gracias a que C. estaba más que dispuesta a mamar varias veces al día conseguía tener suficiente leche para E. y mantener la producción. Cómo me alegré de que no se hubiera destetado en el embarazo!  Anulé la cita para cortar el frenillo, pues ahora el problema era que rechazaba el pecho y eso era lo primero a solucionar. Fuimos a una primera sesión con el osteópata, que la trató durante dos horas, tras las cuales fuimos al grupo de lactancia de Alba en la Ciudadela, en la que vimos alguna mejoría, ya que E se enganchaba durante 30 segundos o un minuto antes de enfadarse. Durante los días siguientes sin embargo la cosa empeoró y estaba ya resignándome a que E no tomaría pecho.

Al cabo de una semana, cuando E tenía unos 20 días fuimos a la segunda sesión de osteopatía y fue mágico. E llevaba ya muchos días sin acercarse el pecho a la boca en absoluto y al salir de la sesión hacía el gesto de aceptar el pecho. A las dos horas de la sesión se enganchó durante 10 minutos  y la mejora fue progresiva durante los siguientes días, en menos de una semana habíamos pasado casi a lactancia directa exclusiva, sólo con algún refuerzo de mi leche en jeringa en algún rato “tonto”.

Entonces me hacía bastante daño, pero estaba tan contenta de que tomara del pecho que la verdad es que no me importaba. La semana siguiente tuvimos otra sesión y ahora mismo, aunque se sigue enganchando mal, no me hace daño y puedo decir que lo hemos conseguido!! Ya veremos más adelante lo que hacemos con el frenillo, si hay que cortarlo o no, pero de momento la lactancia se está estableciendo correctamente, y E va subiendo bien de peso.

Hay varias personas a las que tengo que agradecer su ayuda y apoyo en esos días tan duros y en conseguir que la lactancia se salvara:

-A P., padre de la criatura, que me cuidó en todo momento: en el hospital llevándome riquísimas comidas para salvarme del panga, haciendo los recados, apoyándome en todo momento como hace siempre.

-A mi suegra que se desplazó a mi casa para traer el sacaleches, para cuidar a C. cuando me ingresaron y para ayudar cuando me dieron el alta, fue un apoyo importante durante estos días.

-A C. que se mostró siempre dispuesta a poner su granito de arena para conseguir que me sacara leche para su hermana y que no ha parado desde entonces de mostrar su amor a E cuidándola y mimándola (a su manera)

-A Sergi, el osteópata que con su toque mágico hizo que E. volviera a aceptar el pecho

-A Alba que fue a visitarme al hospital y me ha dedicado desinteresadamente su atención y su tiempo como hace con todas las lactantes en apuros.

-A mi familia y amigos por el apoyo.

-A mi tribu virtual y mis compañeras del foro de red canguro que siempre tienen unas palabras de ánimo que se necesitan muchísimo en esos momentos.

GRACIAS A TODOS!

Una foto de E  dos meses más tarde:

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Otro premio! Gracias!

Hace bastantes días que Carol, del blog con ojos de madre me dió un premio. Muchas gracias por pensar en mí y disculpa que no lo haya podido “recoger” hasta ahora. Es el segundo premio que me dan en el blog y ambos me han hecho muchísima ilusión, me encanta formar parte de esta red virtual de madres que tejemos entre todas.

Para recoger el premio tengo que contestar a la siguiente pregunta:

¿Qué es para tí ser mamá?

Y es una pregunta muy difícil de responder. Para mí convertirme en madre ha supuesto sobre todo un gran CAMBIO en mi vida, una apertura de mente, una evolución y una revolución en mi sistema de valores, alterando por completo las cosas en las que creo, las que daba por sentadas y las que considero importantes.

Ser madre me ha supuesto terminar con los prejuicios, aprender a no juzgar, ha mejorado mi capacidad de empatizar, de ver las cosas desde otro punto de vista y de tomármelo todo con más calma.

Para mí ser madre es sobre todo aprender a ESTAR,  a ofrecer contacto, a acompañar, es intentar ponerse en el lugar del niño, a escuchar… Esto no siempre sale como uno quiere, pero sólo intentarlo ya es todo un reto muy enriquecedor.

Ahora le tengo que pasar el premio a otra madre:

Lara, del blog bebés y especias. Nuestras primeras hijas nacieron con pocos días de diferencia y nuestras segundas se llevan también menos de dos meses y además comparten nombre. Nos conocimos en un curso de instructoras de portabebés y compartimos esa pasión, además de ideas sobre crianza y ecología, los temas principales de mi blog. Disfrutad de su blog ;)

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Respuestas a preguntas comunes sobre el parto en casa, por Emilio Santos

Como estoy adaptándome a la nueva dinámica familiar no tengo mucho tiempo para escribir, espero que lo comprendáis ;)   Ayer, sin embargo, ví un vídeo que quiero compartir con todos, del doctor Emilio Santos Leal hablando sobre el parto en casa. En 12 minutos responde las preguntas más frecuentes sobre el parto domiciliario con información clara y concisa, merece la pena verlo:

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*Parto en casa ¿y qué pasa si…?

*Pruebas al recién nacido en casa y el hospital

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El nacimiento de E. en casa

O de cómo se puede parir una niña de 4,700 kg en casa :)

El final del embarazo fue muy pesado y tenía muchas ganas de parir. Tuve disfunción de sínfisis púbica que casi no me permitía caminar ni estar de pie desde el segundo trimestre, a lo que poco a poco se fueron sumando más síntomas típicos del final de la gestación: hinchazón de tobillos, insomnio, pesadez, una barriga enorme que me hacía estar incómoda… y lo peor de todo fue la erupción que me salió en las piernas en los últimos días, de muchos granitos que picaban de una manera desesperante, especialmente por las noches.

El día que cumplía 40 +3 (según mis cálculos, 41 según ecografía) me pareció que tenía una fisura en la bolsa. Apenas había tenido contracciones de Braxton Hicks ni nigún otro síntoma de que algo estuviera en marcha, con lo que pensaba que todavía quedarían un par de días al menos para el nacimiento, pero no era así. Esa tarde tuve alguna pequeñísima contracción, pero nada especial, y me fuí a dormir con la ilusión de parir pronto, pero sin muchas esperanzas.

Debido al picor no me pude dormir hasta las 2 de la mañana, y me desperté a las 5 por lo mismo, intentando aguantar sin rascarme, aunque era misión imposible. A las 6 y media más o menos se despertó el padre  (P.) y justo salía yo del baño cuando perdí un poco de líquido y era evidente que eso sí era una fisura. Con C. también había tenido una fisura en la bolsa a esa hora y ella no nació hasta la 1 de la mañana, por lo que le dije a P. que se fuera a la cama para estar descansado, pues el día prometía ser largo.

Me puse en el ordenador, publiqué una entrada en el blog, y estuve tranquila una media hora hasta que empezaron las contracciones. Desde la primera contracción a mí me pareció que venían muy fuertes y seguidas para un parto que acababa de comenzar. No tenía intención de controlar la frecuencia de las contracciones, pero estaba tan sorprendida que decidí registrarlas durante un rato y ví que desde el principio estaban viniendo cada 3 minutos más o menos. Recuerdo que pensé que no sabía cómo iba a aguantar un día entero con esas contracciones y empecé a vocalizar en cada contracción en seguida.

Al cabo de una hora más o menos me vinieron muchas ganas de ducharme pero había que cambiar la bombona de butano. Intenté hacerlo yo, pero las contracciones eran demasiado seguidas y además ya no podía hacer nada útil, así que llamé a P. para que se despertara y me ayudase. También le avisé de que si la cosa seguía así E. iba a estar con nosotros muy rápido, pero todavía en ese momento pensaba que el parto podía pararse en cualquier momento.

Me duché y P. y C. se levantaron y no sé qué hicieron, supongo que desayunaron. De la ducha pasé a la cama, donde me puse a cuatro patas con la cabeza más baja que la pelvis, las contracciones eran ya muy dolorosas. P. estaba ordenando y limpiando la parte de abajo, que estaba hecha un desastre y C. subía y bajaba. Le pedí que me trajera una bolsa de huesos de cereza calientes para ponérmela en el sacro, que me dolía mucho y eso hizo, tras pedírsela a su padre. Cuando venía vocalizaba conmigo. En un momento se cayó de la cama y se puso a llorar, la quise ayudar pero una contracción fuerte me lo impidió. De vez en cuando P. subía y me preguntaba cómo estaba y yo le decía que bien, pues la verdad es que, aunque las contracciones eran fuertes, me encontraba bastante bien.

Pasé toda la dilatación vocalizando en cada contracción con un OHHHHHHHHH gutural que me ayudaba a mantenerme relajada y a no tensar los músculos del útero, los hombros o la boca. Sentía perfectamente cómo mi útero se iba tensando desde abajo hacia arriba y cómo era capaz de controlar el resto del cuerpo para que se relajara y no interfiriera. Me sentí en control todo el tiempo y también tenía la sensación de que podía controlar la frecuencia de las contracciones, y dejarlas venir cuando había descansado de la anterior. Llamé a Imma, mi matrona a su teléfono fijo y no estaba en casa, me dijeron que volvería en media hora y dejé recado de que me llamara al volver. No quise llamarla al móvil, pues todavía pensaba que iba para largo.

Al cabo de un rato P. me dijo que abajo ya estaba preparado y bajé. Había puesto el puzzle de espuma que usaba C. de pequeña para jugar en el suelo, cubierto de empapadores. Imma llamó y le expliqué cómo iba, pero le dije que no viniera todavía pues pensaba que aún se podía parar el parto. Entonces me puse de rodillas y la bolsa se rompió del todo y enseguida tuve ganas de empujar. P. volvió a llamar a la matrona (no debieron pasar más de 10 minutos entre las dos llamadas) diciéndole que viniera. Creo que le dije a P. que estaba en dilatación completa, no lo podía creer, si hacía poquísimo que todo había empezado! Las aguas estaban teñidas, pero ya no había nada que hacer, estaba en el expulsivo.

Las contracciones en este momento cambiaron. Todavía sentía que mi útero se iba “apretando” en anillos desde abajo hacia arriba, pero después lo notaba perfectamente hacer un movimiento de “exprimir” para bajar al bebé, el famoso reflejo de eyección fetal. En mi primer parto me resistí a este tipo de contracciones y el expulsivo se alargó, en este simplemente me concentraba en respirar y en mantener relajado el resto del cuerpo. Estuve un poco tumbada de lado en el sofá mientras P. limpiaba las aguas y luego volví a la posición de rodillas con la cabeza y los brazos apoyados en el sofá. Notaba como E. bajaba poco a poco con cada contracción y ahora las vocalizaciones se transformaron en gritos. Seguía sintiéndome en control y relajada.

Notaba como E. descendía y se colocaba en posición para salir y dije “que viene!”, lo que creo que preocupó a P., pues la matrona todavía no había llegado. Tenía calor y pedí que mojaran una toallita y me la pusieran en la frente, tarea de la que se encargó C., haciendo la labor de doula. Al cabo de poco (por el camino que hay de su casa a la mía debió ser una media hora) llegó y me encontró ya empujando y gritando “ya viene, ya viene”. Sentía una presión tremenda en ano y periné y quería subir al sofá para tumbarme de lado, pero me dolía la pelvis y no fui capaz de cambiar de posición. Noté bajar la cabeza por el canal de parto y mi periné distendirse y pensé que ya estaba aquí. Ahora sí que dolía! Pero la cabecita volvió a subir para arriba. En la siguiente contracción volvió a bajar y sentía quemar el suelo pélvico, pero al final de la contracción E. volvió a subir. Dije “no, no, no, no subas”. Imma me recordó que eso estaba bien, pues el periné se iba distendiendo poco a poco para no dañarse y yo le dije “ya lo sé, pero duele”. C. me acariciaba y me decía: “no te preocupes mamá, en seguida saldrá la cabecita”.  Todavía bajó y subió  una vez más y a la cuarta vez le animé: “vamos, E.!” Sentí que Imma empezaba a hacer respiraciones cortas y superficiales para que la imitara y dejara de pujar para no desgarrarme. Así lo hice, sentí el famoso aro de fuego y por fin salió la cabecita con más líquido amniótico.

En seguida Imma me dijo que no podía esperar a la próxima contracción y que era mejor que empujara para que E. naciera. Yo no entendía, me quemaba el periné y quería relajarme durante un minuto para recobrar fuerzas. Dije “no, no, no, no”. Entonces noté movimiento detrás mío y comprendí lo que estaba pasando. Imma estaba aspirando las fosas de la bebé y recordé que las aguas estaban teñidas. Empecé a empujar y avisé a Imma “estoy empujando”. Ella manipuló suavemente los hombros de E. y su cuerpo se deslizó rápidamente fuera de mí. Me volví para mirarla y estaba toda blanca, sin tono y los labios azules, qué susto. También ví cómo el cordón umbilical latía fuerte y eso me tranquilizó, pues pensé que al menos mi niña estaba recibiendo el oxígeno que necesitaba. Comencé a frotarla junto con Imma, las dos animándola: “vamos, E, ánimo!”. Al cabo de un minuto, que parecieron cien, el tono rosado comenzó a volver lentamente a la piel y los labios de E. Habían pasado menos de 4 horas desde la primera contracción.

Me la puse encima mientras estaba sentada sobre los empapadores en el suelo y entonces Immame dijo que estaba perdiendo bastante sangre y que ahora convenía que la placenta saliera cuanto antes para que se frenara la hemorragia. Empujé pero no salía, y E. todavía estaba recuperándose y no se podía poner al pecho. Entonces le pregunté a C. si quería mamar, se enganchó a la teta y en pocos minutos la placenta salió. Una preciosa y enorme placenta de un kilo!.

Cuando el cordón dejó de latir, C. lo cortó con ayuda de Imma. Al cabo de un buen rato E. se enganchó a la teta. Intenté que hiciera un agarre espontáneo, pero no lo conseguimos del todo y desde la primera toma yo ya ví que algo no estaba bien del todo, pero eso lo explicaré en otra entrada. Después  de un buen rato, yo fui a hacer pis y aprovechamos para pesar a E. Nos llevamos una buena sorpresa cuando vimos que la balanza marcaba 4,700kg!! La pesamos dos veces e incluso comprobamos la balanza con otra cosa para asegurarnos de que era el peso real. Yo tuve un desgarro largo pero superficial,  que finalmente no necesitó sutura, que en ningún momento me ha molestado y que está prácticamente curado. Al cabo de poco estábamos en nuestra cama descansando.

Fue una experiencia increíble, yo nunca me hubiera imaginado que iba a tener un parto tan rápido. Estoy segura de que E. sabiamente aceleró el parto porque algo no iba bien. Tras este parto maravilloso ha venido un postparto duro y con muchas dificultades, pero también lo explicaré en otras entradas.

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