Historias para no dormir: mi primera lactancia

Ufffffffff este post va a ser difícil de escribir… vamos allá…

Tenía el relato de mis problemas de lactancia en el pc que se escacharró y tuve que formatear. Así que se perdió junto con 10 meses de foto y otros muchos documentos. Voy a hacer un ejercicio de memoria, ahora que hace 3 años de todo aquello.

Mi hija nació en un parto natural hospitalario y en seguida se enganchó al pecho. No hubo ninguna interferencia de tetinas ni chupetes, ni suplementación artificial y los primeros días la lactancia fue bastante bien. Había leído mucho, visitado grupos de lactancia y estaba relativamente bien informada sobre las recomendaciones para tener una lactancia sin problemas. La subida de leche fue fuerte y se me creó un poco de ingurgitación que solucioné fácilmente con la ayuda de un sacaleches.

Al cabo de pocos días la cosa se comenzó a torcer, ya que empecé a sentir dolor en el pecho. Comenzó con una molestia en el interior del pecho que fue transformándose rápidamente en un dolor punzante, como de agujas. En ocasiones la sensación me llegaba hasta la espalda. Acudí a la matrona y al grupo de lactancia, la posición de la boca de la nena parecía estar bien y también era obvio que estaba tomando la suficiente leche, pues engordaba a un ritmo rapidísimo, mojaba pañales, hacía las deposiciones que le correspondían y estaba contenta. Me diagnosticaron cándidas del pezón.

Ahora se sabe que estos hongos no es una enfermedad que se pueda tener en el pecho, pero antes se diagnosticaba bastante, ya que en ocasiones este dolor coincidía con la aparición de Muguet en la boca del bebé (no era nuestro caso) y porque las infecciones, que son el verdadero motivo de este dolor, a menudo mejoran con los tratamientos antifúngicos.

A los 8-10 días más o menos de haber nacido la peque el dolor se había incrementado muchísimo. La piel del pezón comenzó a desprenderse y los tenía en carne viva, era una visión bastante horrible. El dolor era tan intenso que me dolía sólo de tener a mi hija en brazos, las tomas empezaron a ser insoportables. En ese momento comencé a acudir al centro ambulatorio  casi todos los días, la matrona estaba convencida de que era un problema de posición y la ginecóloga (que es asesora de lactancia) decía que era hongos. Me recetaron fluconazol oral y daktarín tópico. Los días pasaban y seguía igual, las tomas cada vez peor.. La asesora de La Liga de la Leche me dijo que nunca había visto unos pezones en tan mal estado y me recomendó el afianzamiento espontáneo para las tomas (dejar que el bebé se enganche por sí solo). Esto ayudaba muy ligeramente pues el problema seguía estando ahí. Hice uno o dos tratamientos contra los hongos, la cosa no mejoraba.

A partir de ahí acudí  a los foros de internet y conocí a Alba, que remitió mi caso a Rita y entre las dos me fueron aconsejando. Esto fue lo que salvó mi lactancia. Sin ese apoyo jamás hubiera conseguido solucionar el problema y seguir adelante y por éso les estaré eternamente agradecidas.  Me dijeron que el problema seguramente era una infección y que necesitaba hacerme un cultivo de piel de pezón y de leche. También me recomendaron que dejara el daktarín, pues obviamente no estaba funcionando y al final se dañaría la flora de la piel del pecho. No recuerdo si me lo recomendaron ellas o ya lo estaba usando, pero empecé a usar violeta de genciana para el pecho. Rita me recomendó el extracto de gotas de pomelo (oral) y el cambio en la dieta. El dolor era tal que ahora ya no soportaba dar el pecho, así que comencé la lactancia en diferido,  sacándome la leche con el sacaleches y dándoselo a la nena con una jeringuilla. Había llantos en cada toma, desesperación y frustración, pero ellas me decían que cuando encontráramos la causa del dolor se podría solucionar y por éso seguí adelante. La lactancia diferida es un infierno y no se la recomiendo a nadie. Pierdes el doble de tiempo en alimentar al bebé, ya que lo haces en dos pasos, tienes que lavar y esterilizar y no tiene la satisfacción de dar de mamar al bebé directamente.

En este punto hacía más o menos 2 o 3 semanas que había parido. Volví a acudir al ambulatorio a solicitar a las matronas que me hicieran un cultivo y me miraron como si estuvieran viendo un extraterrestre bailar conga. Me dijeron que éso del cultivo de leche no existía y que ellas no podían hacer nada más por ayudarme, que no sabían qué más decirme (o sea, que abandonara y que no diera más la vara). Fuí a la ginecóloga que, recordemos, es asesora de lactancia y me dijo que el problema estaba causado por el estrés. Obviamente yo estaba estresadísima, pero ése era el efecto y no la causa de mi problema. Me recomendó (atención, lectores) que dejara la lactancia una semana para que se me curaran las heridas y luego volviera. Cómo si fuera tan fácil!!

En ese punto ya estaba lista para tirar la toalla: el pecho hecho polvo, agotada y sin ver ninguna solución. Había probado daktarín, fluconazol, violeta de genciana, pezoneras, conchas protectoras, extracto de pomelo, cambiar mi dieta, probióticos, ya había contado mis penas a matronas, ginecóloga, la asesora de lactancia de mi ciudad, y por internet a Alba y Rita y a Helena Herro de Asturias… sinceramente ya no podía más. Aparte del padre de la criatura, que me apoyó en todo momento,  creo que nadie más entendía que fuera tan cabezona para seguir, incluída yo misma. Ya tenía la leche artificial comprada. Cada toma que daba decía que era la última, pero luego miraba a mi bebé y no podía dejarlo, pensaba “bueno, sólo una más”… y entonces Alba y Rita me pusieron en contacto con J.M.Rodríguez.

Para quien no lo conozca, J.M.Rodríguez es un microbiólogo investigador y veterinario licenciado que  trabaja en la Universidad Complutense y lleva mucho tiempo estudiando la microbiología de la leche materna. Es el mayor experto en mastitis infecciosas de nuestro país y colabora con los grupos de lactancia de toda España para ayudar a las madres a solucionar sus problemas de lactancia.

Gracias a la asesora de La Liga de la Leche le pude hacer llegar un cultivo de piel y uno de leche por envío en frío a Madrid. Ahora, me decían, basta con que haga un cultivo y un antibiograma. Así sabremos qué tienes y a qué antibiótico es sensible la cepa que tengas, luego bastará tomarte el remedio y podrás amamantar sin dolor. No me lo podía creer! Empecé a dar la toma otra vez directamente del pecho y estaba más animada. En pocos días llegó el resultado:

Tenía estafilococo aúreus, una bacteria que se encuentra en nuestro organismo pero, cuando su población se dispara, da lugar a muchos problemas. Según el informe la cepa que había en mi pecho tenía, además una toxina exfoliante, que supuestamente era la que me causaba las heridas. La mala noticia es que la cepa que yo tenía era resistente a los antibióticos comunes. Es decir, seguramente me había atacado en el hospital. Los únicos antibióticos a los que parecía ser sensible las bacterias eran la vancomicina y, sobre todo, linezolid, pero estos antibióticos son muy potentes y no se venden en la farmacia.

Le llevé los resultados a la ginecóloga para que estuviera informada, pero me dijo que el estafilococo es común, que cualquiera que se hiciera un cultivo obtendría resultado de la bacteria (lo que es verdad pero depende del número de bacterias que tengas) y que si la colonia de aúreus estaba descompensada era por el estrés.

Ahora sabía qué podía curarme pero no tenía acceso a ello. Después de más de dos meses de obstáculos con la lactancia ésto ya me parecía el colmo. El linezolid (si recuerdo bien lo que me explicaron en aquel tiempo) es un antibiótico que se administra via intravenosa y en la UCI. Hubo incluso una chica, trabajadora del ámbito sanitario, que se ofrecio a hacérmelo llegar de extranjis (GRACIAS) si conseguía algún profesional de la salud para administrármelo.

En ése punto de desesperación estaba cuando J.M. me propuso probar con un producto con el que parecía estar obteniendo buenos resultados. Se trataba de nisita, un pétptido de la leche que había conseguido aislar y estaba utilizando en el tratamiento de mastitis infecciosas. Primero me hizo llegar nisina liofilizada para tomar oralmente, pero ésto no produjo ningún resultado. Otra vez me planteé muy seriamente el dejarlo, pero entonces J.M me dijo que esperara, y me envío nisina en presentación líquida, para la aplicación tópica. Fue mágico. En 2 o 3 días empecé a notar mejoría. Mi niña tenía unos 2 meses y medio o 3.

Tenía el pecho tan dañado que todavía pasó mucho antes de que se me curaran las heridas, cosa que ocurrió hacia los 4 meses, pero lo importante es que se veía avance, que ya no me dolía el roce de la ropa, ni el coger a mi hija, ni darle pecho. Cuando dí otra vez tomas sin dolor fue maravilloso, y seguimos con la lactancia hasta ahora. Era una sensación agridulce el ver cómo una cosa “tan sencilla” me había curado después de todos los productos que me había aplicado en el pecho y  del peregrinaje que había tenido que hacer buscando ayuda. Ésa es la razón principal que me impulsó, a partir de ese momento, a buscar información sobre lactancia y formarme como asesora.

Esta es una foto de mi hija mamando, con unos 18 meses:

Ojalá llegue el día en que las mujeres con problemas visiten al pediatra o la matrona y puedan recibir información veraz y actualizada o, al menos, ser derivadas a un grupo de lactancia donde sí se las pueda asesorar eficazmente. Aunque la verdad es que de momento, aunque con muchas y muy honrosas excepciones (cada vez más), el personal sanitario no está suficientemente formado y  las mastitis infecciosas no se diagnostican correctamente, no se realizan cultivos y la madre no recibe la medicación que necesita, lo que lleva a que se abandonen lactancias que tienen fácil solución.

Aunque ya se lo he dicho muchas veces quiero volver a dejar constancia de mi agradecimiento a Rita, Alba y Amaia por su escucha, su paciencia, sus ánimos y su información, y también a J.M. y a Eva por prestarme su ayuda. Menos mal que os encontré a todos. GRACIAS.

**Nota: Es posible que alguna de la información que haya esté mal explicada, sobre todo las partes “médicas” o sean parcialmente incorrectas. He escrito las explicaciones que recibí tal como las recuerdo, pero hay que tener en cuenta mi estado de nervios en aquellos momentos, recién parida y desesperada, y que han pasado 3 años. También en el formateo perdí documentos como el recuento de bacterias y el antibiograma pero, en general, ésto no afecta a la esencia del relato.

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2 Respuestas a Historias para no dormir: mi primera lactancia

  1. amaia dijo:

    Yo sufrí algo parecido hace seis meses, cuando Xabier tenía 2 meses, nadie supo como ayudarme, hasta que a través de internet me puse en contacto con JM Rodriguez y me planté en Madrid en un viaje relámpago desde Bilbao y con un bebé de dos meses. La pena es que llegué un poco tarde y se me formó un absceso. Me drenaron el pecho y lo pasé muy mal, pero gracias a JM y su equipo seguí dando pecho, aunque unicamente de uno porque el bebé no quiso saber nada del pecho drenado. Lo mas triste es que mi ginecologo con el que llevo muchos años, no tiene ningún interés en la investigación que se está realizando y no acepta que no actuó correctamente en el tratamiento que me dió en su día, no tienen ningún interés con este tema.

    • siriviri dijo:

      Jolín, vaya historia la tuya! Me alegro de que pudieras salvar la lactancia, la verdad es que se pasa fatal.
      Lo de los profesionales médicos … lo dejamos. Por supuesto que hay muchísimos médicos realmente interesados en su trabajo que se renuevan y ayudan un montón, pero otros siguen anclados en el pasado, con sus conocimientos obsoletos y sin interesarse en lo más mínimo, una pena.
      Un abrazo

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